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Daazaev Saavedra Reynoso
En la penumbra de la media noche, en una casa en la Viena del siglo XVIII, llegó aquel hombre misterioso, con una apariencia física como de la mismísima muerte. Tocó la puerta, con aquellas pálidas y huesudas manos, se encontraba vestido totalmente de negro, incluso con una capucha que cubría su pálido rostro —¡Busco a Wolfgang Amadeus Mozart! —, dijo con una voz que erizó al sirviente que atendía la puerta. Mozart atendió a aquel sujeto. Este personaje le encargó componer un Réquiem, es decir una pieza para la misa de un difunto. El tipo de negro jamás dio su nombre, ni el nombre para quien estaría destinada la pieza musical. Mozart aceptó, pero eso sí, aquel tipo pidió jamás investigar: ni quien encargaba la pieza, ni para quien iba destinada. Dio un adelanto y se pactó el trato con una fecha de 30 días para la entrega final de la pieza.
El réquiem fue aplazado por Mozart, ya que, para el mes de julio de 1791, pidieron a Mozart, componer una ópera para la coronación de Leopoldo II de Austria, como el rey de Bohemia, también estaba trabajando la ópera “la flauta mágica”, así que dividió sus tiempos en estas dos piezas. Entonces, de nuevo en la penumbra de las funestas doce de la noche, llegó de nuevo aquel personaje a preguntar por el réquiem —¿Dónde está la pieza encargada…? ¿Dónde está el réquiem…? ¿Acaso cree que es un juego…? ¡Esto trae consecuencias! —, dijo aquel sujeto con aspecto cadavérico. Mozart entendió aquellas palabras como una maldición por no entregar la pieza en tiempo y forma. Estaba seguro de que la pieza que crearía sería para su propio funeral y resignado, en el mes de octubre, comenzó a trabajar en la pieza: comenzó con las primeras tres secciones, siguió con los coros y comenzó algunas partes instrumentales; sin embargo, al siguiente mes enfermó, el deterioro coincidía con aquella maldición. Dio a su aprendiz instrucciones precisas para continuar con la pieza —Quizás si termino la pieza, la maldición se rompa—, pensaba para sí… Mozart murió el 5 de diciembre de 1791, no vio su obra concluida y parte del réquiem se tocó en la misa en su honor. La muerte fue tan misteriosa, como el suceso.
Bueno, esa es la leyenda que gira en torno al acontecimiento trágico de Amadeus Mozart, sin embargo, la realidad es otra: El personaje misterioso de negro, que parecía la muerte, era un emisario del Conde Franz Von Walsegg-Stuppach.
El Conde Franz Von Walsegg-Stuppach, gustaba de pedir piezas musicales y luego hacerlas pasar como propias, por eso la solicitud de no indagar para quien era la pieza. En cuanto a para quien era el réquiem, era para la esposa del conde, quien había muerto apenas unos días atrás de cuando se solicitó la pieza musical.
Parte del réquiem, si sonó en la misa en honor a Mozart, sin embargo, la pieza terminada se presentó dos años después, en Viena, en enero de 1793.
Franz Von Walsegg-Stuppach, recibió la pieza terminada y como era de esperar, intentó hacerla pasar como una pieza suya y solo quedó en ridículo.
La última composición de Mozart quedó para la historia: Réquiem en re menor.
Dales el descanso eterno, Señor,
y que la luz perpetua los ilumine.
Mereces un himno, Dios, en Sion
y te ofrecerán votos en Jerusalén.
atiende mi oración,
todos los cuerpos van a tí.
(fragmento de la introducción del Réquiem en re menor, de Mozart)
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