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Daazaev Saavedra Reynoso.
En el comal, había tomates y jitomates tatemándose. A la par que los volteaba, en el molcajete, molía ajo y cebolla cruda, con sal de grano, ahí mismo previamente ya había molido comino entero. Apartó los jitomates y tomates del comal, los puso en un platito hondo de barro y aventó al comal, un puño de chiles de árbol secos, cuando se pusieron medio negros los molió en el molcajete, tocia un poco mientras los apachurraba con el tejolote, vaya uno a saber si era por lo viejecita que estaba la abuelita o por el chile tostado. Después molió los jitomates y los tomates, al finalizar, le aventó cilantro y cebolla en cuadritos que había picado previamente, revolvió con su cucharita de madera, sacó una tortilla del tortillero de palma, le puso una buena cantidad de salsa —¡Ya quedo re buena pa los huevitos que les preparé! — dijo la abuelita, mientras se limpiaba las manos en su mandil viejecito —Sírvanse frijolitos de la olla, cada quien—decía a la par que se acomodaba en su silla de madera. Toda la familia reunida comió.
A los años, la abuelita murió y le heredo el molcajete a su hija, al tiempo ella se lo heredó a su hija y así, el molcajete viajará por la historia familiar y el tiempo, porque el molcajete es un testigo silencioso de lo que vive cada familia y de lo que se platica en la mesa de cada hogar. Que importa que la tecnología nos alcance con licuadoras, batidoras de inmersiones; el molcajete es un miembro de la familia, claro, de aquellas familias que tienen el privilegio de haber heredado uno. No es solo una artesanía, es una tradición, es parte de un misticismo. Quien no tenga molcajete, que corra a comprar uno para que comience una tradición en su familia.
El origen de la palabra molcajete, proviene, según la RAE, del náhuatl, mulcazitl, que significa escudilla, la escudilla es grosso modo, una vasija ancha y de forma de una media esfera, en este caso realizada de piedra volcánica (basalto) y que, en sí, el molcajete es un mortero de piedra con su tejolote o manita, del mismo material. Este artefacto usado desde la época prehispánica no solo servía para preparar salsas, también para preparar medicina o para realizar rituales de sanación. En la actualidad, en la chamaneria, hay quien aún lo ocupa para sus rituales.
El molcajete ha sobrevivido el pasar de los años, desde la creación de la nueva España, la independencia, la guerra de reforma, la revolución y hasta en pleno siglo XXI, este artefacto se sigue fabricando de forma artesanal.
El artesano molcajetero inicia el día yendo a buscar las piedras de basalto, corta los pedazos de tamaños aproximados, lleva camioneta, carretilla o ya de plano a su burro o caballo. Para romper la piedra primero muelen piedritas pequeñas hasta hacerlas polvo, luego la mezclan con pólvora, hacen agujeros en las piedras y ¡Pum!, obtienen pedazos grandes, de estos se van barrenando otros pedazos; una vez que se tienen pedazos aproximados del tamaño del que se harán los molcajetes, se van amarrando con el mecate y costales para cargar el transporte que llevará la carga pesada. Ya en el taller, se va dando forma a la piedra con cincel, marros, hachas pequeñas y en algunos casos con esmeril y diversos discos.
Estas artesanías se llevan a los tianguis para mercar. Hoy en día ya se hacen molcajetes con figuras, se hacen de barro, de madera y como el capitalismo anda metiendo el hocico en todo, también hay algunos exportados de plástico —made in china—, pero también existen los molcajetes piratas y bien baratos, molcajetes hechos de concreto, pero como se dice “lo barato, sale caro” porque estos se van rompiendo.
El molcajete de piedra volcánica se tiene que curar para que se pueda utilizar. Para curarlo hay varias maneras: se puede hacer moliendo arroz, hasta cubrir la porosidad de la cavidad, también se puede hacer con grano de maíz; se hace varias veces hasta que el arroz o maíz, deje de salir de color gris, pero ¿Por qué no se venden los molcajetes ya curados…? Pues resulta que la o el dueño del molcajete, inicia su ritual cuando se cura, es una manera de hacerlo parte de uno mismo, de la familia y de su entorno en donde seguramente pasará a otras generaciones.
La artesanía es la creación de utensilios tanto de ornamentación, ceremonial o como utensilios de uso común, estas artesanías se elaboran con métodos ancestrales, con procesos complejos, cada pieza es única, aunque tiene réplicas, ninguna es igual a la otra. Una artesanía tiene una carga de valor simbólico, y cada obra artesanal conlleva no solo el objeto en sí, si no parte del alma de la o el artesano que forjó una pieza.
El regateo no es una opción en la compra de artesanías. Démosle el valor al trabajo manual que merece y ayudemos a preservar las tradiciones.
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