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Daazaev Saavedra Reynoso.
Todas y todos, hemos oído hablar sobre vampiros, ya sea: leyendas, historias familiares, cuentos, novelas, poesía, películas, comics, series y hasta caricaturas. La figura del vampiro se torna un tanto erótica en su forma de origen, no solamente es generadora de terror, sino también de esa carga sexual que carga la narrativa gótica. La figura de la o el vampiro, como elemento gótico, en esta contemporaneidad, tiene una carga en su icono, símbolo e índice en todo aspecto cultural y artístico.
Vlad el empalador: Todo surge con el príncipe Vlad II de Valaquia (al sur de Rumania), quien ingresó en 1428, en la orden Drag, que, en su traducción del húngaro, significa dragón. Con base en esto, se le rebautizó como Vlad Dracul o Vlad Draculea. En este punto, cabe hacer mención que, en la mitología de los rumanos, no figuraba el dragón y lo entendían como el significado de un demonio o del diablo.
Con el contexto anterior, Vlad III, uno de los 3 hijos de Vlad II, pasó a conocerse en Rumania, como “El hijo del diablo o el hijo del demonio”. Vlad III, nace en Transilvania, en 1431. A los 13 años fue rehén del imperio Otomano y posteriormente, mediante la guerra que atraviesa la zona, ascendería al trono de Valaquia en 1462. Este personaje va a ser el parteaguas de la leyenda por toda la crueldad de las diversas crónicas de la época.
Vlad III, también conocido como Vlad Tepes III o Vlad el empalador, era un príncipe sanguinario y que disfrutaba de la tortura y el sufrimiento de los otros, disfrutaba ser el ejecutor y presenciar el paroxismo del dolor, hasta la muerte agónica y lenta, mediante el empalamiento; disfrutaba beber en copa, la sangre de las víctimas y no solo eso, también disfrutaba de remojar el pan en su copa llena de sangre.
Las historias corrían rápido, con ellas el miedo y con el miedo, el respeto. Para fomentar este temor a sus perversidades, Vlad el empalador, mandó a talar los árboles de una región boscosa, para en este construir el bosque de los empalados. Muere años después en una emboscada turca. Su cabeza fue separada de su cuerpo y exhibida en Estambul, la otra parte de su cuerpo se sepultó en tierra santa, en el monasterio de Snagov, en Rumania.
Bram Stoker y Drácula: Abraham Stoker nace en Dublín, Irlanda, en 1847 y muere en Londres, Inglaterra en 1912, año en que el Titanic, se hunde. Sotker, muere en la pobreza y sin saber el impacto que tendría su obra en los años venideros. El año de su muerte trascendió más la noticia del Titanic, que su muerte. Pasó inadvertida. Se dedicó no solo a la literatura, también a la crítica teatral y reportajes como periodista. Sin embargo, se le recordaría como el escritor de Drácula.
Drácula, en un inicio, no se iba a llamar de esta manera. Su título primario era “El no muerto” donde el personaje principal era el Conde Wampyr. Posteriormente, modificaría el título por el de Drácula, el nombre del conde, protagonista. Por un lado, se ha sugerido que la creación de este personaje se basa en la vida de Vlad el empalador; otros datos sugieren que fue parte de historias, leyendas y relatos irlandeses; sin embargo, la construcción de un personaje, el que sea, no surge unilateralmente, es una construcción de diferentes contextos e interpretaciones por lo cual lo más acertado sería considerar que el personaje principal, es la construcción de todos los elementos que poseía Stoker, en su contemporaneidad.
Cabe hacer mención, que la obra fue basada no solo en el terror, sino en el erotismo y el deseo de las víctimas de ser poseídas, dando la autorización de la entrada a su habitación, para dar paso al erotismo despiadado y terrorífico, haciendo al lector cómplice desde la primera caricia, hasta la posesión. Esta complicidad del personaje con el lector, la lleva incluso hasta el deseo que tiene Mina Herker por el conde Dracul.
—Bienvenido a mi casa ¡Entre con libertad y por su propia voluntad! No hizo ningún movimiento para acercárseme, sino que permaneció inmóvil como una estatua, como si su gesto de bienvenida lo hubiese fijado en piedra (…) Dijo otra vez: —Bienvenido a mi casa. Venga libremente, váyase a salvo, y deje algo de la alegría que trae consigo (…) (stoker B. 1897)
Nosferatu: La película alemana de Nosferatu, una sinfonía de horror (1922), del director Friedrich Wilhelm Murnau; misma que cuenta con la adaptación de Nosferatu, vampiro de noche (1979), del director Werner Herzog; también valdría la pena mencionar la película de La sombra del vampiro (2000), filme que se basa en la filmación de la película de 1922 y sugiere que el actor, en verdad es vampiro; y una última readaptación Nosferatu (2024), del director Robert Eggers. Este filme fue uno de los pioneros que sobrevivió a través de más de un siglo.
Otro filme anterior fue Drácula Halála (1921), de Károly Lajthay, mismo que se perdió al pasar de los años y jamás se pudo recuperar; sin embargo, anterior a estos filmes, se encuentra el filme francés La mansión del Diablo (1896), de Georges Méliès, con una duración de poco más de tres minutos. Esta obra se dio por perdida hasta 1988, donde apareció una copia en él archivo de Cine de Nueva Zelanda.
—Nosferatu. Quizás la palabra no te suene como el grito nocturno de un pájaro de mal agüero. Pero guárdate de pronunciarla o las imágenes de la vida se desvanecerán en las sombras, sueños espectrales saldrán de tu corazón y se alimentarán de tu sangre (…) (Wilhelm F. 1922)
El origen del término Nosferatu, tiene diferentes teorías:
1. Nesuferit: Del rumano, que significa insufrible.
2. Nosóforos: Del griego, que significa, transmisor de enfermedades.
3. También se teoriza sobre un concepto que nació gracias al libro de Emily Gerard, La tierra más allá del bosque: hechos, cifras y fantasías de Transilvania, donde se utiliza la palabra “Nosferatu”, para hacer alusión a los vampiros.
Nosferatu de 1922, es un filme en blanco y negro, del cine mudo, que, basado en el libro de Bram Stoker, ya comentado líneas arriba y que por no tener la autorización se pretendía eliminar. Finalmente, no fue el caso y la cinta se pudo restaurar y sigue vigente en la contemporaneidad. Es una adaptación que habla del conde Orlok y que, si bien, parte del libro, pero que también juega con la libertad en su creación. La música está compuesta por piezas que juegan entre las imágenes y las emociones del espectador.
La figura del vampiro es un reflejo de la perversidad, lo demoniaco y el sadismo, un sadismo que acaricia el erotismo mediante los rituales de la inmortalidad, el deseo por la sangre, lo demoniaco y con este la carga de la negación ante dios, con una carga de burla ante la imagen simbólica de lo puro; la oscuridad, la negrura de la noche y su simbolismo del mal que se oculta ante la claridad del bien, de un amanecer que simboliza la purificación.
EL VAMPIRO
Tú que, como una cuchillada,
En mi corazón doliente has entrado;
Tú que, fuerte como un tropel
De demonios, llegas, loca y adornada,
De mi espíritu humillado
Haces tu lecho y tu imperio,
—Infame a quien estoy ligado,
Como el forzado a la cadena,
Como al juego el jugador empedernido,
Como a la botella el borracho,
Como a los gusanos la carroña,
—¡Maldita, maldita seas!
He implorado a la espada rápida
La conquista de mi libertad,
Y he dicho al veneno pérfido
Que socorriera mi cobardía.
¡Ah! El veneno y la espada
Me han desdeñado y me han dicho:
«Tú no eres digno de que te arranquen
De tu esclavitud maldita,
¡Imbécil! — de su imperio
Si nuestros esfuerzos te libraran,
Tus besos resucitarían
¡El cadáver de tu vampiro!»
(Baudelaire C. 1957)
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