LA CIENCIA Y LA FE COMPARTEN EL MISMO ORIGEN

Getting your Trinity Audio player ready...
Comparte nuestro contenido en:

Loading

Manuel Godínez Necoechea

Los seres humanos tomamos decisiones todos los días, ¿ya me levanto de la cama o lo hago en 5 minutos?, ¿Tomo café o té? , ¿escaleras o el elevador? Indudablemente hay situaciones en las que hay que decidir. Pero, no todas las ocasiones debemos ir por una de dos opciones. Esas dos opciones se pueden complementar, no necesariamente excluirse. Ejemplo de ello es la fe y la ciencia, estas no se oponen, aunque a simple vista lo parezca. Una persona que tiene fe no debe renunciar al razonamiento o al pensamiento crítico, como tampoco una persona que piense en la ciencia debe “volverse” ateo y renunciar a la fe.

A lo largo de la historia han existido científicos que le dieron forma a lo que hoy conocemos como ciencia, o mejor dicho, ciencia moderna y que no negaron su fe. Algunos de ellos fueron, por ejemplo, Isaac Newton considerado el padre de la ciencia moderna, físico, matemático y astrónomo inglés conocido por su trabajo en la mecánica clásica, la ley de la gravitación universal y las leyes del movimiento, entre otros importantes aportes. Louis Pasteur microbiólogo y químico francés, conocido por sus trabajos sobre la fermentación, pasteurización y el desarrollo de las vacunas. Máx Planck, físico alemán considerado como el padre de la teoría cuántica y ganador del premio nobel de física en 1918. Georges Lemaître, sacerdote y cosmólogo belga, conocido por su teoría del Big Bang.

Es importante también señalar que el método científico, aunque es el más conocido y confiable, no es el único que nos da certeza en cuanto a sus resultados. Hay actividades que el ser humano realiza y que no se pueden “reproducir en un laboratorio”, para ello existen otros métodos igualmente confiables. Algunos de esos métodos son:

• Método empírico, que se basa en la experiencia y la observación directa, implica recopilación de datos, medir y experimentar para obtener el conocimiento y comprender la realidad.
• Método histórico-crítico, analiza el pasado de manera rigurosa para comprender los procesos de transformación de las sociedades. Se basa en las fuentes primarias, es decir, documentos originales y fuentes secundarias (estudios previos)
• Método Cualitativo, se enfoca en la interpretación y análisis de datos no numéricos, como textos, entrevistas y observaciones.
• Método Cuantitativo, se basa en la medición y análisis de datos numéricos para probar una hipótesis y llegar a conclusiones. Utiliza técnicas estadísticas para analizar los datos.

No creo que al día de hoy alguien niegue la existencia de, por ejemplo, las leyes de Newton del movimiento, que describen la relación entre la fuerza, masa y aceleración, o las leyes de Kepler sobre el movimiento planetario, qué describen la forma de las órbitas planetarias. Pero muchas personas sí dudan o cuestionar la existencia de Jesús, su crucifixión y resurrección sin tener pruebas que sustentes su posicionamiento.

No toda la actividad o conocimiento humano puede ser registrado, medible o verificable por el método científico. Por ejemplo, ¿puedo yo mediante el método científico saber qué desayunó usted hace tres días? No, no puedo porque el método que estoy eligiendo para conocer o saber qué desayunó, requiere de verificación empírica y repetibilidad, lo cual es algo imposible para un evento único, irrepetible y que no fue observado directamente o registrado en el pasado.

Por lo tanto, negar que algo ocurrió porque no lo podemos verificar por medio del método científico es un error metodológico, evidentemente, es como querer sazonar la comida con calor o tomar la “leche” de almendra. En otras palabras, no debemos renunciar al pensamiento crítico o analítico para afirmar que tanto existe la ley de la gravedad como que Jesús sí nació, fue crucificado y resucitó al tercer día.

¿De qué manera podemos comprobar qué Jesús sí es un personaje histórico? Lo primero es comprobar que Jesús nació, ya de su crucifixión y resurrección hablaremos en otro artículo. Para ello, como lo vimos anteriormente, el método científico no es nuestra mejor elección. ¿Cuál es el método que más nos puede ayudar? El método histórico-crítico o la evidencia histórica es la que nos va a ayudar comprobar que el nacimiento de Jesús en Nazaret, es un acontecimiento histórico tan cierto como el nacimiento de Benito Juárez García en Oaxaca.

¿Qué es lo que hace este método? Recopila fuentes primarias y secundarias que puedan aportar información relevante sobre el tema de investigación. Las fuentes primarias escritas, como los Evangelios y las cartas escritas por Pablo o Saulo de Tarso, son analizadas con un enfoque crítico para determinar su fiabilidad y autenticidad. También se investiga el contexto social, político y cultural de la época en que vivió Jesús, para comprender mejor tanto su mensaje como su impacto en la historia. Buscar hallazgos arqueológicos que puedan confirmar o refutar ciertos detalles de la vida de Jesús. Examinar las menciones de Jesús en fuentes no cristianas, (fuentes secundarias) como las obras de Josefo y Tácito, para obtener una perspectiva independiente de su existencia.

Existen alusiones directas a Jesús y la más antigua de fuentes no cristianas se encuentra en la obra del historiador judío-romano Flavio Josefo Antigüedades Judías, escrita en torno a los años 92 y 94 de nuestra era, más de cincuenta años después de la crucifixión de Jesús.

Existen referencias a la persona de Jesús en fuentes histórica, no cristianas de Cornelio Tácito, Gaius Suetonius, Flavio Josefo, Plinio el Joven, Trajano, Hadriano, Luciano, el Talmud inclusive. También en los Evangelios de la Verdad, el Apócrifo de Juan, el Evangelio de Tomás y otros. Además, muchos de los asuntos principales respecto a la vida, muerte y resurrección de Jesús pueden ser reconstruidos a partir de las fuentes no bíblicas. Más de 45 fuentes antiguas hablan de la vida de Jesús, 129 hechos reportados relacionados con su vida, con su persona, enseñanzas, muerte y resurrección de Jesús y el mensaje temprano de sus discípulos.

El filósofo griego Sócrates nació en 470 o 469 a. C., al igual que Jesús, no escribió nada, sino que otras personas registraron lo que ellos dijeron. De Sócrates contamos con unos 150 manuscritos supervivientes, copiados por lo general entre los siglos IX y XIV, es decir, las copias más antiguas qué tenemos de lo que dijo Sócrates datan de 9 siglos después de que él muriera. De las cartas de Pablo, del Nuevo Testamento, algunas de ellas fueron escritas alrededor del año 48 d. C., es decir, menos de 20 años después de la muerte de Jesús. Existen más de 24,970 copias manuscritas del Nuevo Testamento, lo que incluye fragmentos y copias completas en griego, latín, siríaco y otras lenguas. Estos manuscritos proporcionan una gran cantidad de evidencia de la transmisión textual del Nuevo Testamento. La evidencia histórico-documental nos deja ver que es más fácil poner en duda la existencia de Sócrates que de Jesús.

Me gusta la definición de fe que encontramos en el Nuevo Testamento, en la carta a los Hebreos capítulo 1, versículo 1: «Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve» Esa certeza y convicción esta fundada en evidencia, no es una fe ciega es una fe pensante, inteligente, que está fundada en la confianza que se tiene en lo que se dice y sobre todo en Quien lo dice.

Más allá de posiciones personales o subjetivas, lo que debe dar el sustento a lo que creemos, en lo que depositamos nuestra confianza, entiéndase la ciencia y la fe, tienen como un inicio compartido la inteligencia, y esta basada en la evidencia.

Doctor en Derecho, Abogado, Docente e Investigador

manuelnecoechea@gmail.com

facebook@SolaGratia1521

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *