EL NIÑO QUE VIVIÓ LO PEOR DE LOS MUNDOS POSIBLES CON SUS PESADILLAS

Getting your Trinity Audio player ready...
Comparte nuestro contenido en:

Loading

Daazaev Saavedra Reynoso.

Imaginemos a un niño austriaco que vive lo peor de todos los mundos posibles con sus pesadillas, ¿a qué me refiero a lo peor de todos los mundos posibles…? Pues bien:

Imaginemos que este niño, de siete años, en un velorio de una niña de siete años, donde se enamoró de la pequeña muerta, vio el cadáver, en el velorio, La miró llena de flores, el olor a la cera de abeja de las velas que hacían guardia a aquel cuerpo inerte olía las flores blancas que rodeaban aquel cuerpo de la pequeña de vestido blanco, le parecía tan hermoso su piel sin vida, la miraba y pensaba —¡Es hermosa, muy hermosa! ¡Pobre de ella, va a quedar sola y con frío allá abajo! —. A los días, este pequeño le dice a su madre —¡Madre, voy a salir a cazar luciérnagas! —, Pero no, fue hasta el panteón a ver la tumba de aquella pequeña de la que se enamoró y le regala su cajita con varios dibujos que, para él, eran importantes.

Ahora imaginemos que este niño crece con un padre militar y una madre pianista, y que a los diez años su madre muere; ahora imaginemos la rigurosa exigencia del padre y la educación mediante golpes y gritos, educado bajo el militarismo; también podríamos imaginar que su padre, al quedar viudo, se casa con su cuñada y esta al quedar embarazada también muere; imaginemos también que este pequeño, va a la tumba de su madre con una pistola que robó del cajón de su padre e intenta matarse por el dolor que le causa la vida, pero perversamente la pistola no sirve, no intento un segundo golpe de gatillo, ya que su destino sería aún peor, este pequeño va a crecer y vivirá las dos guerras mundiales.

—la vida es Quizás justo eso: un sueño y miedo—, escribió en su diario.

Ahora bien, podemos adelantar y entender por qué este pequeño disfrutaba matar animales, dar paseos por la noche en el panteón, incluso esconderse debajo de la cama de los vecinos y hacer voces para espantarlos, podemos entender por qué este pequeño de nombre Alfred Kubin, nacido en 1877, va a ilustrar las obras de artes más aterradoras y perversas.

Así es, hablaremos del maestro Alfred Kubin, (1877-1959). Entra a la academia de arte a los veinte años y evidentemente lo traumático de su infancia lo acompañaría en cada línea de grafito, convirtiéndose en su impronta, convirtiéndose en la catarsis para aliviar el suplicio del pasado.

En sus piezas, se encontrarán seres deformes, adefesios, la mujer representada con iconos de deidad de la fertilidad, plasma, en una pausa perversa y maldita, lo inevitable… el fin de los personajes que en las piezas se encuentran, ya sean devorados, mutilados o decapitados. Su estilo expresionista influyó en otros pintores surrealistas y escritores como Franz Kafka.

Para encerrar mejor lo peor de los mundos posibles, Kubin, vivió en soledad en un apartado castillo en Austria, donde tenía gallinas, perros, gatos y dos chimpancés. El chimpancé creció y en un forcejeo, al bañarlo, se sintió atacado y Kubin, lo mató a palazos. Esto último es trascendental, ya que la imagen de los simios es parte trascendental en algunas de sus piezas. Su obra se catalogó como arte degenerado y grotesco, así mismo los Nazis intentaron bloquear su trabajo y destruyeron alguna cantidad de su obra.

Es importante decir que varias de sus piezas fueron ilustraciones para libros, entre ellos, algunos de Edgar Allan Poe, Dostoyevski, Kafka.

Alfred Kubin vivió lo peor de todos los mundos posibles con sus pesadillas; las pesadillas de otros mundos posibles, que no vivió lo plasmó en sus trazos con grafito, perpetuó el terror a medias, a medias porque las acciones nunca concluyen, todo queda en una pausa repetitiva como la eterna sentencia de Sísifo. Kubin creó todo un gabinete de curiosidades.

Esto es, solo un pequeño acercamiento a la vida de Kubin, falta mucho por hablar de él, sin embargo, este primer acercamiento, cumple su función: despertar la curiosidad por el artista y su vida, dar contexto a su impronta.

—En esto consiste pues, el sentido de ser artista: en cubrir el absurdo de la existencia con el velo de la creación, un fino velo que cubre el abismo de las fuerzas caóticas, que poco significa para nosotros, en comparación con el mundo aparente donde transcurre nuestra verdad, aunque esa verdad sea únicamente una ilusión tan etérea, como el transcurso del tiempo— (Alfred Kubin. Demonios y fantasmas de la noche, autobiografía)

Nuestra madre la tierra (1901)

La hora de la muerte

El mejor doctor (1903)

Una mujer para todos (1901)

Masa negra (1905)

ghettorudeska.ds@gmail.com

facebook@dsyev

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *