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Daazaev Saavedra Reynoso
—Es que el gato se posa en la verja de mi ventana, la que da a la calle, el gato es negro… siempre llega a las doce y media de la noche y se posa ahí, en la verja que da a mi cuarto y ladra… si, así como lo escuchas, toda la noche ladra «¡guau, guau, guau…!» toda la maldita noche se la pasa ladrando. Eso no pasaba antes, fue desde que llegó a la casa de enfrente la nueva vecina y pues antes que me lo preguntes, ya le fui a tocar a su puerta y hable con ella… el gato no le pertenece— Le dije a mi amiga. Mi amiga viene de un linaje muy largo de chamanes. Ella me preguntó que pasaba después de que ladraba el gato y le conté:
—No, no es después de que llega el gato, es antes: Primero tocan a la puerta tres veces «¡tan, tan, tan!» y el primer día abrí la puerta y no había nadie, luego el gato comenzó a ladrar; el siguiente día tocaron pregunté «¿Quién es…?» y nadie contestó, después ladró el gato; el tercer día tocaron de nuevo, tres veces, ya no abrí, ya no pregunté, enseguida la luz del cuarto parpadeó, mi bebe lloró y la cama brincaba, al segundo todo acabó cuando el gato ladró… siempre el maldito gato; por ultimo ayer tocaron de nuevo los mismos tres malditos golpes, luego se escuchó un guajolote… si amiga, así como lo escuchas, un guajolote. Intenté asomarme por la orillita de la ventana y nada, abrí la ventana y saqué la cabezota y nada, así que por andar de chismosa me asomé por la puerta, la abrí, ¡el guajolote se metió!, ¡corrió hacia mi bebe y lo jalaba!, ¡el gato brincó por encima de mi cabeza y le ladró al guajolote, después salieron los dos corriendo! Mi bebé quedó con moretones… siempre ese gato, por eso te vengo a buscar amiga ¿Qué carajos puedo hacer…?
Sacó mi amiga una raja de ocote, una pulserita roja y le untó unos líquidos que tenían hiervas y le untó otras tantas hiervas, después hizo lo mismo con unas veladoras y con unas tijeras, en un saquito rojo metió semillas, monedas, un colmillo de algún animal y me dijo:
—Pon el ocote en puertas y ventana, la pulsera en su muñeca izquierda de tu bebe, prendes la veladora por las noches y las tijeras las pones bajo la cuna, luego dale las gracias al gato que ladra, ha defendido a tu bebe todas las noches de una tlahuelpuchi, es decir, una bruja vampiro, ellas comen bebes, por eso los moretones.
Al día siguiente hice lo que me dijo mi amiga. Por la tarde, me encontré a mi vecina cuando cargaba un camión con sus muebles, se mudó, estaba arañada de la cara y muy golpeada, me mal miró antes de arrancar en su carro, justo del camión de mudanzas; el gato ya no volvió a la verja de mi ventana, no volvió a ladrar. No pude agradecerle.
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