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Cap. Arturo Elías
No es extraño traer a la mente recuerdos de cualquier etapa de nuestra vida, con independencia de la generación con la que adquiramos sentido de identidad, y sentirnos abrumados por el súbito desarrollo de la tecnología, al recordar cómo es que nos hemos relacionado con los avances en este sector, desde el teléfono que descansaba sobre el buró o la mesa de descanso de nuestra casa, hasta los entonces incomprensibles sonidos que una máquina con apariencia de horno de microondas con pantalla emitía para conectarnos a lo que ahora conocemos como Internet. Algo que podría haber parecido entretenido y novedoso, que ahora es indispensable en cualquier entorno social y laboral.
También es cierto que, en los últimos cien años de historia de la humanidad ha habido más avances en tecnología de los que existieron los cuatrocientos anteriores. Pongamos como ejemplo esta vez, a la industria de la aviación, con sus inicios en México al tiempo que surgía la revolución mexicana. En perspectiva con relación a los orígenes de las primeras civilizaciones en la tierra, desde la aparición del Homo sapiens en África, es un descubrimiento reciente que representa apenas el cero punto cero seis por ciento del tiempo que el hombre ha pasado en el planeta a que llamamos tierra.
Retomando y conjugando ahora lo expuesto en las dos ideas anteriores, resulta curioso que, hoy en día podemos simular un escenario en el que tomaríamos aquel teléfono de nuestra mesa de descanso, para llevarlo a bordo de un tubo volador metálico presurizado que nos transportaría de una ciudad a otra, para que, sin necesidad de cables, pudiéramos establecer contacto y mantener una conversación con la persona que nosotros mismos elijamos, estando esta última, ya sea a bordo de otro tubo volador metálico, o tranquilamente descansando en su casa.
Es así de increíble y potencialmente ilógico e irracional, que las generaciones, más allá de esta misma etapa de la revolución mexicana, encontrarían en el hecho de pensar en esta posibilidad, que no obstante vemos ahora realizada y como algo común y cotidiano. Ahora bien, los estudios y avances más recientes en el potencial de la menta humana y los límites físicos que se pueden alcanzar mediante ejercicios y técnicas de visualización, nos revelan un impresionante hecho, que consiste en el abatimiento de nuevas marcas en diversos campos, entre estos el deporte, en el que apenas un individuo logró la hazaña del inalcanzable objetivo de romper la barrera de los 10 segundos en los 100 metros planos, con crédito a la primera ocasión de este suceso, al estadounidense Jim Hines, precisamente en las olimpiadas de México de 1968 y que fue precedido por múltiples y diversos otros atletas de esta disciplina.
Tanto así es que hemos evolucionado como humanidad no nada más en ciencia, deporte y tecnología, si no en nuestra facultad crítica y creativa que nos abre la mente y expone a las posibilidades de los objetivos más recientemente propuestos, como la colonización de otros planetas, el potencial y riesgo que implica el desarrollo y evolución de la inteligencia artificial, y el contacto con inteligencias extraterrestres. Es así que resulta cada vez menos osado o inclusive vergonzoso, el atreverse a creer y a hablar de posibilidades como estas, desde que la experiencia ha mostrado lo factible que lo ilógico e irracional puede llegar a ser, visto desde la perspectiva de lo inimaginable.
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Piloto retirado, empresario, inversionista y triatleta





